viernes, 11 de enero de 2013

José María Ortega


 
José María Ortega
(Trujillo-Perú, 1983)



Hijo de David Rengifo Gaspar, escritor inédito y educador, y Julia Ortega Blas. Es el cuarto de seis hermanos. Vivió su infancia en el campo, a los once años se mudó a vivir con su familia a la ciudad. En la actualidad radica en la ciudad de Buenos Aires-Argentina. En el año 2007, tras la muerte de su padre abandona la carrera de arqueología, y se dedica a ejercer diversos oficios. En octubre de 2009 viaja a Buenos Aires para estudiar letras en la Universidad del mismo nombre.
Ha recopilado estos poemas que forman parte de su libro “Sombra tras sombra cae el hombre” a pesar de que la dedicación a la escritura, en especial a la poesía, durante estos últimos años como universitario ha sido escasa.






. Dilemas .
Estamos llenos de cosas complejas.
Por ejemplo,
esa rara manía de sentir sueño y dormir,
de tener hambre y comer,
batallar con la perversa monotonía mundial
de hacer las cosas, sentirse cansado,
y sin embargo ¡tarán!
tener que ocuparse en algo.
Cosa rara esa de amar,
anhelar los órganos universales
del cuerpo.
Cosa absurda esa de amarte, de no creerte
y creerte al fin, pretender abarcar tu vida
aún sabiendo que no te perteneces,
que te quitaron inesperadamente,
que te robaron una noche desierta
dos guerras desconocidas.
Cosa absurda entregarme a tu recuerdo, resistirme,
no hacerlo, ser tuyo y no ser tuyo al fin,
y por último, padecer esta apetencia intolerable de ti:
engullir tu nombre en las tres comidas
universales del día.


. Despertar .
¿De qué te sirvió hambrear,
resistir el cuerpo bajo el sol,
en un trabajo sin final,
dejar de vestirte decente
por guardar pan para mayo?
si mayo te halló viejo, cansado,
si mayo te encontró y no has vivido nada,
si mayo te encontró y no ha sido mayo
si no un viaje sin retorno.


. El rostro de una esencia .


Hay castillos en la mente
que no pueden dibujarse,
construcciones perfectas de cosas
que se resisten a nuestra humana mano.
La perfección existe solo en nuestra mente,
tratar de extraerla es un oficio vano y necio,
como sustraer imágenes de los sueños.
La mente es un océano de frases sueltas,
bellísimas como peces dorados,
estas frases a veces se unen
formando un cardumen, el poema.
Entonces,
uno corre en busca
del papel o del ordenador
con la ilusión de pescar esa perfección,
pero ésta se desintegra y los peces huyen.
Al final nada queda,
salvo los rezagos de frases aisladas,
los restos de algunos peces que murieron golpeados.
Lo perfecto es cosa de nuestra mente,
extraer de ella las virtudes de una esencia
es una empresa pretenciosa.
Solo se puede atrapar la resaca del pensamiento,
eso que escribimos y publicamos luego.


. Pavorosa aventura .
A fin de cuentas un día termina
esta aventura pavorosa,
algo bueno entre tanta desgracia
que ayuda a resistir
estos segundos, estos días,
pues uno no tiene nada seguro
en la vida si no la certeza de la muerte.
A fin de cuentas uno es humano,
hay que morir algún día de algo,
de alguien,
este cuento no puede ser eterno,
lo termina una palabra, una acción,
el tiempo.