martes, 1 de febrero de 2011

Marcelo Silvera

Marcelo Silvera
Primer argentino de familia uruguaya, a mi vieja se le ocurrió que estaría bueno que haga la colimba y me tuvo de este lado del Río de la Plata; pero la demora de un año en renovar el DNI y la eliminación del servicio obligatorio me salvaron. Digamos que le gané.
Me crié principalmente en la República de Mataderos, aunque siempre fue un nómade. Barrio de bohemia y pasiones extremas, con dos polos bien marcados: la riqueza y la pobreza en cada extremo de este límite de la Capital Federal. Las calles de adoquines fueron las primeras en ver mis letras salpicar recuerdos, historias y delirios.
Mi otra casa, Montevideo. Callejuelas finas, con tambores sonando a cualquier hora, en cualquier época del año. Serenidad y charlas de bar; billar y servilletas garabateadas, algunas perdidas, otras convertidas en poesías.
Esquivando las esquirlas de diciembre de 2001, recaí en Villa María. Mi casa. Las letras por primera vez me permitieron vivir de ellas, en forma de periodismo gráfico esta vez. Y el café, con la compañía de Fernando de Zárate, me devolvieron la poesía. Aquella con la que me había divorciado muchos años atrás, porque a mis ojos era una vieja que hablaba de un amor adolescente que no tenía ni tuvo jamás.
Hoy uno de “los malditos”, al decir del mismo culpable; logro el mismo efecto entre aquellas señoras que pintan flores en versos, y los “intocables” de la poesía local: todos piensan que soy un tarado.


.[Poema 1].
Cayeron los muros
se abrieron fronteras
la última bala
era de salva

Dejó de gotear
la sangre del crucificado
cesó el dolor
se aplacó el hambre

La guerra terminó
y el dominio
y el mercado
y la violencia

Todo pasó del gris patético
al Ambar cristalino
con ese primer llanto

de felicidad.


* - * - * - * - * - *


.[Poema 2].
Abrumante
el calor despierta
de un sueño polar
y fóbico

Techos y balcones
lucen hoy
nuevos aires
(acondicionados)
y los Fundamentalistas
prometen volver
el año que viene.


* - * - * - * - * - *


.[Poema 3].
(respuesta a un poema de mi amigo Darío Falconi)

No me lavo
para que no salga
la porquería

Es para que
no
entre
tu
mierda.


* - * - * - * - * - *


.[Poema 4].
Nadie oyó el ruido
de la silla al caer
tampoco su ausencia
cuando el olor
fue insoportable
entró el forense.