martes, 30 de noviembre de 2010

Maximiliano Spreaf





Maximiliano Spreaf nació un 17 de Octubre de 1975 en Capital Federal, en el barrio de Flores. A los 6 años vino a vivir a Córdoba, Capital. Escribe desde que era un niño, nunca publicó nada. Estudió en la Escuela de Aviación Militar, Intento estudiar Psicología. Fue operario en varias fábricas. Estuvo fuera del país varios años. Volvió y empezó a escribir de nuevo. Ahora lo que escribe lo publica en Facebook. Vive de noche. Tiene 2 hijos y ninguna mujer.






.Silencio.
Pájaros enredándose en las ramas
que salen de mi espalda, brillantes
soy un árbol, seco en medio de nada
soy silencio y frío, soy nostalgia.
Mueren de a poco los animales
que se acercan a mi amparo
estoy cubierto de helada, de noches
sin madrugadas. Mojadas.

Abro mis brazos y caen lentos
no hay fuerzas que los eleven
ni altura que los soporte
ni sol que los sustente.

Agua! ¿Por qué estás lejana?
¿Por qué nací aquí, abandonado?
Ya no recuerdo desde cuándo
terminé con las mañanas.

(del libro inédito “Un lugar para enterrar extraños”).


* - * - * - * - * - *


.Everglades.
Los flamencos se llevaron aquel día parte de mi cuerpo
lo arrastraron por los fangales de los Everglades
y luego se lo dieron de merendar a los lagartos.
No recuerdo la hora que era cuando sentí tus dientes
atenazados a uno de mis bíceps, crujientes y arrebatados.
No me muerdas ese brazo, te dije, que tengo la esperanza
de tatuarlo con el nombre de alguna princesa rusa algún día.
Te reíste, me mirabas, mordiste otra vez en el mismo lugar,
esta vez con mas ímpetu, como en desquite a mis palabras.

La tarde pasaba lánguida y arremolinaba mis pensamientos
en torno al sol centelleante que nos abrasaba, como en piedra.
Tu piel ya no era piel, sino cascadas de sangre burbujeante, hirviente
y no sé si era el sol que la quemaba, o eras vos deslumbrada.
Las uñas de mi mano libre arrullaban tu espalda
¿Era tu odio tan bruto que no pensabas en nada?
¿O patrullabas mi dolor pensando que nunca acabará?
Tardaste mucho en desmembrarme, las mandíbulas prensadas.
Llorabas, vi que llorabas.

(del libro inédito “Un lugar para enterrar extraños”).


* - * - * - * - * - *


.Rebaños.
Nublas el sol del mediodía, pariendo estrellas,
sin bocas, sin ojos, sin manos, ¡¡qué astucia la tuya!!
¡Dejarnos mudos, ciegos y profanos!
Roja sangre en los canales, acueductos, manantiales,
víboras negras, amarillas, azules, rojas y verdes,
casas muertas de tanta mierda suelta, de hijos de padres,
de lectores, de rebaños que corren para el mismo lado siempre.
Mangas cortas, pechos helados, puntiagudos, icebergs
quebrados, mustios, quemados, cortados, manchados.

(del libro inédito “Un lugar para enterrar extraños”).


* - * - * - * - * - *


.Miércoles / Abrigo.
Acá se caen las hojas de los árboles que descuide toda mi vida.
Las hojas de los árboles que tapaban mi tristeza.
La tristeza que me provoca ver a la gente.
La gente que mira pasar de largo su historia.
La historia que revolea verdades ocultas.
Las verdades que lastiman a los rostros adustos.
Los rostros adustos de los que planean ser felices.
Los felices que no planean nada.
La nada que invade esta ciudad.
La ciudad que te ignora de día.
El día que pasa y deja cicatrices.
Las cicatrices de los que nos gusta subirnos a los árboles.
Los árboles que te ven pasar y lloran sobre ti sus hojas.
Que son mías.

(del libro inédito “Un lugar para enterrar extraños”).