martes, 4 de diciembre de 2012

Aleqs Garrigóz


PRESENTACIÓN



Soy Aleqs Garrigóz, soy mexicano y tengo 26 años. Escribo poesía desde mi adolescencia. Soy autor ya de trece libros de poesía; y he publicado muchos de ellos tanto en papel, como en formato electrónico. Aparezco en una decena de antologías literarias editadas en mi país y colaboro regularmente con poemas para alguna revista, periódico, gaceta o página web de algún lugar de Hispanoamérica. Puedes conocer más sobre mi obra en mi sitio web: www.aleqsgarrigoz.neositios.com. En esta ocasión, comparto con los lectores de Tinta de poetas, cuatro poemas inéditos de un libro amoroso que tengo en preparación: Penetrado por el amor. Espero que los disfruten.






. Amar es arder un poco . 
Amar es huir del mundo para refugiarse en unos brazos
que sepan del dolor que jamás compartiste y, entonces,
en ese nuevo abismo abierto,
cerrar los ojos y querer para adentro.
Es dejar caer la ropa blandamente,
murmurar su nombre a las puertas del misterio
y sentir cómo su mano te adentra en él,
no sin oprimirte un poco, como es debido.

Amar es desear sus labios y tenerlos
prodigando abundancia.
Y escuchar que la palabra cede al gemido,
centímetro a centímetro, poro a poro,
mientras te vas fundiendo como la cera en el caldero.
Es derrochar el cuerpo con el salvajismo
en que animal y hombre son la misma cosa
jadeante, enardecida. Y apurar el trago cárnico
de la copa traslúcida
como si fuese la última vez.

Es sentir, adentro, el torrente que fluye, quemando
sin querer detenerse.

Y quedarte un instante suspenso
para escuchar crepitar el fuego
de tu hermosa perdición.



. Memoria del cuerpo . 
Mis manos preguntan por ti
y no sé qué responderles. Parece
que hubieran quedado prendidas a aquella cama
donde, quinceañeros, descubríamos los misterios del tacto,
el deleite de las formas de la carne
y la dicha de ser flexibles.

Todo lo que recuerda mi boca pertenece a la tuya,
inexorablemente lejana: esa savia espesa
que de ella escurría,  la lengua
que más de una vez generó palabras dulces para mí,
el nácar de tus dientes
y todo que me hacías con ellos.

Mis dedos soban mi cuerpo, lo auscultan,
lo sopesan y lo reconocen desnudo,
pretendiendo que eres tú
el dueño de esas pericias, mi dueño al fin.

En mi corazón al rojo vivo sigue sonando,
como un eco inextinguible, tu nombre.

Lo sé, he entrado a la sombra del zodiaco,
y bajo su implacable ley estoy sufriendo
las trampas que su mano sabe urdir.

Ah, quisiera que me vieras ahora
con mis ojos en los quedó grabada tu imagen
suspirando, preguntándome: ¿a dónde va el amor púber
si no es a la separación?



. Tú y yo .
Como un potro salvaje eres
que devora la hierba pequeña de mis actos,
que bebe de las aguas inquietas de mi placer
y cuyas pisadas se han quedado grabadas
como hierros candentes en mi corazón.

Somos ramas del mismo árbol
cuyas hojas ebrias de savia nunca caen
y a cuya sombra se acercan dorados niños
a cantar coros de alabanza a la tierra.

Soy para ti como un sudor abundante
que escurre por tu torso mientras trabajas,
y como un pozo de agua fresca y risueña
en la que desnudo nadas.

En tus manos he sido un arco siempre en tensión
apuntando hacía la eternidad del cielo.

Y tus pisadas van trasfigurando la uva roja de mis entrañas
en un mosto espeso, dulce y aromático
del que bebes para comulgar con otros hombres
en la festividad de las cosechas.




. Garín .
Eres el templo vivo, ardiente de mi apego.
Pájaros arden y echan a volar de tus manos,
porque en ti todo es prodigio: la risa del niño,
sus dientes blancos haciendo explotar la calma,
llenando el circulo del día de bemoles, oboes y tronos.

Circunstancia de la dicha,
en ti como mi pan amasado con saliva
y bebo mi leche siempre a tiempo.
Un alba dulce nos ampara y cubre, si juntos;
y ni el lirio se vistió así en su gloria.

Puerto de luz,
escala por donde baja el milagro a la tierra oscura,
siembras de astros la noche de mi sueño, la llenas
de raíces y alas; le otorgas consistencia.
Todo es colmenas a tu alrededor.
Patriarca, hijo siempre grato.

Gacelas humildísimas corren por tu sangre;
pero tu pecho es la fuerza de mil mares golpeando.
Cuando en la fiesta del verano
llueve sobre los espacios florecidos, eres tú lo más hermoso.
(Eres entonces el fruto desgajado,
dispuesto a incendiar toda mesa y garganta.)

Trago de luz, ebriedad,
escarcha para embellecer cualquier invierno,
nadie me ha tocado como tú alguna vez.

Más allá de los límites y las formas,
en ti conocí el amor.